“Yo no soy la próxima Usain Bolt o Michael Phelps: soy la primera Simone Biles”. Esta fue la respuesta de la multimedallista olímpica y mundial que llegó a sus terceros Juegos Olímpicos, luego de retirarse en 2021 en Tokio a causa de problemas con su salud mental.
Al mismo tiempo, en paralelo con las destacadas actuaciones femeninas en París, otras mujeres hacen historia y resignifican el liderazgo uniendo a multitudes alrededor de distintas causas y dejando un sello personal que muy difícilmente la historia podrá ignorar.
En Venezuela, país hermano, una mujer simboliza la voz ciudadana que reclama un cambio y es la cara de millones de personas que han visto cómo se invisibilizan sus derechos, sus opiniones, su libertad. Un paradigma de liderazgo distinto, que ha logrado unir a una oposición históricamente fragmentada, jugar en el tablero político con inteligencia, con decencia, sin altisonancias y demostrando una capacidad organizativa que ha sorprendido a toda Latinoamérica.
María Corina Machado camina en medio de un ejército amedrentado, invitándolo a dejar las armas y unirse a la ciudadanía; lo hace con valentía y decisión. Aún sin saber cómo finalizará este episodio de la historia de Venezuela, estamos presenciando una poderosa expresión de liderazgo fuerte y amoroso, sin egoísmo, con propósito, que tuvo la grandeza de entender que esta vez no se trataría de ella, sino de una causa superior a la que acompaña con firmeza.
En otra esquina del mundo, una consagrada artista colombiana colma durante 4 días seguidos el estadio Santiago Bernabéu, rompiendo todos los récords de asistencia: 240 mil personas. Karol G pudo premiarse a sí misma y reivindicar el éxito que ostenta luego de 15 años de trabajo incesante; sin embargo, eligió, en un gesto de humildad absoluta, ceder la tarima y entregar su momento de máxima fama a Amaia Montero, otra mujer, una artista que pasa por un duro episodio de su vida. Karol G entiende que el brillo se comparte y de esa manera, sin imaginarlo, se engrandeció sin necesidad de estar bajo los reflectores. Sororidad sin ambages.
Volviendo a Venezuela, allí la hasta hoy desconocida Ludmila Padrino, prima del General que carga sobre sus hombros el dilema de apoyar a un régimen ilegítimo o al pueblo que votó una nueva opción presidencial, envió desde sus redes un mensaje familiar que representa a millones: “tú no tienes el derecho de hacerle esto a Venezuela, tú tienes el deber de hacer respetar la voluntad de un pueblo soberano”. Una voz potente y sensata, que le habla al ser humano detrás del uniforme.
Y si bien todavía hay muchos escenarios en el que viejos liderazgos afirman sin pudor “esa mujer no es nada más que una sonrisa bonita”, lo cierto es que en estos días olímpicos, culturales y electorales, los poderosos nombres de Simone Biles, María Camila Osorio, Ingrit Valencia, Mariana Pajón, Gabriela Bollé, Ludmila Padrino, Karol G, María Corina Machado y muchas más, son una señal de transformación. El mundo cambió.
Las mujeres están siendo las protagonistas de la revolución en Venezuela, del deporte, la cultura y la vida pública. La belleza de mensajes, la valentía, el coraje, un nuevo referente de ejercer el liderazgo... que el mundo las vea. Que el mundo nos vea.
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