Por: Centro de Pensamiento Social
El 2015 es un año de inflexión: por una parte, dejó a la luz los resultados obtenidos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) y, por otra, da paso al cambio de paradigma que pone en marcha los Objetivos de Desarrollo Sostenibles (ODS) como una visión ampliada por obtener mayores condiciones de vida en equilibrio con el planeta. En este punto se puede observar que el compromiso no nace sólo de los gobiernos de países desarrollados y en vía de alcanzarlo, sino también de organismos multilaterales, gobiernos regionales y locales y de empresas privadas que entendieron que la sostenibilidad del desarrollo debe hacer parte de su marco de responsabilidad y de despliegue estratégico.
No obstante, también es un momento de gran tensión económica, política y social en tanto las situaciones en materia de seguridad alimentaria, educación básica, riesgos medioambientales, resultados económicos incipientes – derivados del descenso de los precios de los commodities y el decrecimiento comercial mundial –, la baja dependencia laboral humana debido a los avances tecnológicos y la desigualdad de las condiciones de vida en el sector urbano y rural, conllevan a que la apuesta por el cumplimiento de los nuevos objetivos ya no radique sólo en la expectativa sino en la acción intersectorial para combatir estos fenómenos.
Así, se pueden identificar una serie de diferencias en el enfoque utilizado en cada una de la batería de objetivos de desarrollo. Mientras que los ODM se orientaron a crear condiciones de bienestar y desarrollo humano, los ODS buscan entornos favorables de desempeño individual y colectivo, además de la protección de los bienes públicos. En consecuencia, el cambio de perspectiva no es simplemente enunciativo, sino que incorpora otra serie de objetivos, indicadores y metas que robustecen la fórmula del desarrollo. Así, los ODS plantean 17 objetivos, 126 metas y alrededor de 400 indicadores; cambio sustancial frente a los ODM que tenían 8 objetivos, 21 metas y 60 indicadores.
Los ODM araron el terreno en materia de visibilidad y posicionamiento en la agenda política internacional de la importancia de la lucha contra la pobreza. Así, la implementación de instrumentos de política a nivel nacional e internacional tuvo un impacto destacable en la reducción de la pobreza y las enfermedades. Sin embargo, los ODM tuvieron una serie de falencias en hacer mayor énfasis en el cuidado del medio ambiente; enfocarse en solucionar problemas estructurales de desigualdad y exclusión; definir claramente objetivos que incentivaran el desarrollo económico de los países; empoderar a las mujeres en la lucha de igualdad de género; entre otras acciones necesarias que se dejan ver, algunas más tímidas que otras, en los ODS.
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