Por Daniel Payares, Analista de Proyectos de Presidencia Proantioquia
Hace 11 años, cuando apenas estaba en el primer semestre de Ingeniería Administrativa, Nicanor Restrepo Santamaría tomaba la decisión de retirarse oficialmente como cabeza del que es, sin lugar a dudas, el grupo empresarial más relevante del país: el Grupo Empresarial Antioqueño (GEA). Si bien es cierto que el Grupo no es real en un sentido estrictamente jurídico, según palabras del mismo Nicanor, la ascendencia que tuvo hasta el último momento sobre las decisiones más relevantes que se han tomado en las empresas del GEA es innegable.
La primera vez que oí hablar de él debió haber sido en segundo año de mi carrera, después de haber cursado todas las asignaturas de ciencias básicas obligatorias en un pensum de ingeniería, en alguna clase de finanzas o administración. Como es apenas lógico el nombre es lo primero que queda grabado en la mente (Después de todo, ¿cuántos Nicanor puede llegar uno a conocer?) y detrás venía su fama como líder empresarial, la cual para un estudiante de pregrado con escaso conocimiento y experiencia de negocios resulta imposible de dimensionar en su real magnitud por más que los profesores se esfuercen en transmitirla.
Tuvieron que pasar varios años antes de que pudiera comprender con mayor exactitud cuál era la trascendencia de una persona como Nicanor Restrepo para la sociedad colombiana, especialmente la antioqueña. Mucho va en la misma línea de lo que se ha repetido tanto en estos días sobre su capacidad gerencial, de cómo señaló el camino del éxito a las empresas del GEA y formó una generación excepcional de empresarios que hoy continúan su legado; de su asombrosa capacidad intelectual, de su gusto por la poesía francesa y su apoyo a la cultura en general; de la fijación que tenía con una Colombia en paz, de su participación en diferentes procesos de diálogo y su eterna disposición a apoyar cualquiera de esas iniciativas; de su sencillez, ética de trabajo y humildad.
Cualquiera de las características anteriores bastaría para hacer a cualquier hombre grande. Sin embargo, como yo lo entiendo, va más allá. Nicanor Restrepo es la representación de todos esos empresarios y ejecutivos que decidieron extenderle la mano a una sociedad en caída libre como la antioqueña durante las dos últimas décadas del siglo anterior. Personas que pese a contar con todas las capacidades para abrirse espacio y ser exitosos en otras latitudes prefirieron quedarse y soportar la falta de seguridad, la desinstitucionalización, el subdesarrollo, el narcotráfico y la mala política; visionarios que más allá de sobrevivir y esperar que pasara el chaparrón hicieron esfuerzos descomunales para sacarnos del atolladero a través de su éxito empresarial y el apoyo a proyectos de indiscutible importancia social como el Metro de Medellín, el Aeropuerto José María Córdoba, Inexmoda, Visión Antioquia Siglo XXI, Incubadora de Empresas – Créame, la Promotora de Proyectos, Medellín Solidaria, Buen Comienzo, Colfuturo, Fundación Empresarios por la Educación, el Parque Explora y Ruta n, entre otros.
Yo no fui amigo de Nicanor Restrepo ni pude disfrutar de la extraordinaria capacidad como contertulio que le atribuyen sus más cercanos; tampoco tuve la fortuna de hacer escuela bajo su tutela o de recibir sus consejos. Solo tuve la oportunidad de verlo pasar y saludarlo un par de veces camino a alguna reunión, siempre tranquilo y formal. Pero eso no obsta para comprender su enormidad. Es gracias a que estamos parados sobre sus hombros y los de los que lo acompañaron que los más jóvenes podemos esperar un futuro más promisorio para Medellín, Antioquia y Colombia.
Dentro de cien años, cuando otras generaciones miren hacia atrás y se pregunten cómo logramos sobrevivir a tanta violencia y degradación social, sin lugar a dudas el nombre de Nicanor Restrepo relucirá tanto como hoy.
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