Por: Centro de Pensamiento Social
La definición de un sistema de salud puede estar ligada a dos vertientes: por un lado, se concibe, desde una perspectiva más restringida, como la estructura que permite la prestación del servicio médico a aquellas personas que necesitan de este. Mientras que hay posiciones que identifican al sistema de salud como un ecosistema de instituciones, actores y recursos que establecen rutas estratégicas intersectoriales con el fin de que la salud prevalezca como un derecho fundamental con impacto colectivo (OMS).
En el caso particular de Colombia se acogió un sistema de salud sustentado en el aseguramiento que se direcciona a aumentar la cobertura con el objetivo de alcanzar el mayor nivel de universalización. Sin embargo, frente a niveles de cobertura del 94,49% (2015) en el país, se evidencian otros retos de cara a la falta de satisfacción con la operatividad de los servicios y la presión política para que el sistema sea rediseñado con una estructura institucional fuerte en la prestación del servicio y en la financiación del sistema. Lo anterior, atiende a un marco político – administrativo de descentralización territorial y corporativo que establece una lógica, en el primer caso, de asignación de responsabilidades, funciones y recursos a los gobiernos locales. Mientras que en la descentralización corporativa, el Estado traslada una serie de funciones a entidades no estatales y permite la participación del sector privado en la prestación del servicio (Guerrero, Prada & Chernichovsky, 2014: 12).
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