El anuncio de instalar un gran letrero con el nombre de Medellín, en el cerro de las tres cruces, similar al que conocemos como icono de Hollywood, se parece mucho a lo que ha sido esta alcaldía: poco fondo, mucha forma.
El menor problema de Medellín es el letrero. Eso es una vanidad pasajera. Como diría una de las niñas protagonistas de la película La vendedora de rosas: “para qué zapatos si no hay casa”.
Cuando se avecinan las elecciones regionales, surge la prodigiosa tarea de construir un anhelo colectivo para Medellín y Antioquia, que privilegie el fondo, lo estructural, y transcienda el show, las agendas personales, blinde a la ciudad de los corruptos, repase los modelos de desarrollo y progreso que hemos tenido y recupere lo positivo que nos permitió avanzar hace más de una década. Un sueño de futuro.
El propósito es obvio: cerrar inequidades sociales, una vida digna. En el caso de la capital de Antioquia, eso significa cumplir. La puesta en escena, los discursos de odio y división son buenos, pero para el letrero de las películas de Hollywood. La agenda social está descuida, maltrecha, abandonada. Hay hambre, desnutrición, pobreza, inequidad, inseguridad, extorsiones, deterioro de la malla vial, deserción y problemas en la infraestructura escolar, basuras, maleza, abandono.
Hay que considerar no solo las propuestas para Medellín, sino aquellas para la región metropolitana y Antioquia. Es insensato pensarnos sin el contexto de todo este territorio.
En cuanto a Medellín, hay un desafío enorme en reconstruir instituciones y programas. Recuperar lo perdido. Y eso, además, significa no depender de personas, de los mesías de turno.
Medellín merece un proceso de elección serio, diverso, juicioso, de escucha, en el que la ciudadanía recibamos información veraz sobre los candidatos. Que no nos metan gato por liebre. Generar espacios suficientes para conocer propuestas, trayectoria, experiencia, conocimiento del territorio y, en especial y como punto de partida, innegociable e indeclinable, la vocación de administrar los recursos públicos con transparencia y honestidad. La corrupción acecha y arrasa toda intención de combatir el hambre, la pobreza y la inequidad.
El presupuesto de Medellín, con 30 billones de pesos para un cuatrienio, tiene valor siempre y cuando esos recursos signifiquen que las personas vivan mejor, con dignidad, se puedan mover con eficiencia, seguridad y calidad. Con la prestación de buenos servicios de salud, acceso a educación y empleo, oportunidades. Que cada casa sienta que el porvenir les llega y lo sientan puertas adentro.
Construir un proyecto colectivo para Medellín y Antioquia grita por una ciudadanía muy involucrada en los asuntos públicos, veedora, realista, crítica, comprometida, participante, vocal, con la mirada en las estrellas, pero con los pies en la tierra.
Hagamos que eso pase, abramos las conversaciones, escuchemos, juntémonos, soñemos. Cada uno de los medellinenses que habitamos las 16 comunas, 5 corregimientos, en los cerca de 249 barrios de la ciudad, comprendamos y trabajemos por cada alegría y dolor que nos cobijan.
A Medellín la sacamos adelante, cuidamos, impulsamos y recuperamos juntos.
El letrero es lo de menos.
* Presidente ejecutiva de Proantioquia.
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