En el contexto mundial actual, en el que la democracia se encuentra en una profunda crisis, amenazada por caudillismos, autoritarismos y el afianzamiento del populismo, vemos en las instituciones ese muro de contención llamado a defender una democracia viva, vibrante. Una tabla de salvación.
En Colombia, el panorama de las instituciones es el siguiente: según la encuesta de Invamer de marzo de este año, las fuerzas militares, los empresarios, la Iglesia Católica, los Estados Unidos, la ONU y la Policía, son las instituciones con mayor favorabilidad. Todas por encima de un 50%.
Ahora bien, contrasta con este escenario la favorabilidad del poder judicial. Ese poder, llamado a ser la primera línea de defensa de la democracia, goza apenas de un 20% de aceptación y sufre un 71% de desfavorabilidad. Lo propio ocurre con el Congreso de la República (apenas un 26% de favorabilidad), la Junta del Banco de la República (38%) y la Corte Suprema (31%), por mencionar sólo algunos.
El lento y progresivo debilitamiento de la credibilidad en las instituciones, evidente en la percepción ciudadana que muestran las encuestas durante los últimos veinte años, es el primer paso para que muera la democracia. Esa es la tesis que plantean Levittsky y Ziblatt (2018) en su libro Cómo mueren las democracias. Los autores proponen cuatro factores indicativos del comportamiento autoritario: el rechazo o débil aceptación de las reglas democráticas del juego; la negación de la legitimidad de los adversarios políticos; la intolerancia o fomento de las violencias y la predisposición a restringir las libertades civiles de la oposición, incluida cualquier forma de expresión.
A las democracias no las matan las revoluciones o los golpes militares. Las democracias mueren desde adentro, minando la confianza en sus instituciones, socavando el poder judicial y de los medios de comunicación.
Hoy, cuando el desencanto por la democracia está a pedir de boca, en un país como Colombia, eminentemente presidencialista y en medio de un ambiente convulsionado, en el que el debate y el respeto por las ideas contrarias está completamente degradado, nos corresponde como sociedad civil arropar a nuestras instituciones.
Respaldar al poder judicial, al Congreso de la República y a los mandatarios regionales; darles fuerza a las regiones para que haya balance ante la creciente recentralización que vivimos; apoyar a los medios de comunicación que vigilan a los poderosos; y, reivindicar al sector privado, no solo como motor de desarrollo económico sino también como creador de valor social, a través de instituciones como las Pro, encargadas de lo público no estatal, debería ser una tarea diaria y permanente de la ciudadanía. “En Colombia, la única institución confiable son las empresas”, afirma el Barómetro de Edelman, que mide la confianza y la credibilidad en las instituciones a nivel global, en su informe 2023.
En palabras de Churchill, “La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás”. A la democracia, ese arreglo institucional imperfecto pero necesario que hemos construido, debemos defenderlo. Cuidar a los que nos cuidan es el primer paso.
*Presidenta ejecutiva
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